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Casos prácticos de terapias de familia

Emma (47), Joan (45), Pere (48), Montse (38), Laura (22) i Carles (17). Problemas con el hijo adolescente. 10 sesiones

Emma llamó a Psigma solicitando una visita para su hijo adolescente, estaba muy preocupada por él ya que lo veía totalmente perdido, pasando del colegio, con malas compañías...

“Hace novillos, quiere dejar el colegio y tampoco sabe qué quiere hacer con su futuro”

Ya en este contacto telefónico, le comentamos a Emma si le parecería bien que viniera toda la familia por lo menos a la 1ª cita, pues nuestra experiencia nos dice que en este tipo de casos, muchas veces quien tiene el problema es un simple portavoz del malestar familiar. Les pareció bien y vinieron padres y hermanos (E, P, L y C). Era una familia de padres separados, desde hacía unos 7 años, ambos con nuevas parejas,las cuales formaban parte ya del núcleo familiar. En la 1ª visita pudimos observar que había bastantes discrepancias en los padres en cuanto al problema de C y a la manera de resolverlo, lo cual quedaba confirmado por los hermanos. Por otra parte, Carles no veía tanta problemática ni se mostraba tan perdido. Vimos también ya en esta 1ª entrevista que las nuevas parejas tenían una gran presencia en las casas respectivas, así que decidimos hacer una 2ª visita con cada pareja por separado, donde pudimos comprobar el poder de las nuevas figuras familiares.

El trabajo con esta familia fue principalmente redefinir los roles de parentalidad y ayudarlos a ponerse de acuerdo con la estrategia a seguir con Carlos, que no estaba tan perdido pero sí necesitaba una guía procedente de sus padres. Esto lo hicimos dando más voz a cada progenitor en las respectivas casas respecto a la crianza y a la educación de los hijos, apartando, en un movimiento casi automático cuando se daba el aumento de poder parental, a las nuevas parejas; y fomentando el diálogo entre los progenitores sobre lo que tenía que ver con la crianza de los hijos. En cuanto al orden y la convivencia de cada casa, fue explicitado que cada casa funcionaba de una manera distinta y que esto no representaba ningún tipo de problema, pero sí que se tenía que respetar el estilo de cada una de las familias. Todos los miembros estuvieron muy de acuerdo con las definiciones, redefiniciones y objetivos que se fueron marcando y poco a poco Emma y Pere ayudaron a su hijo a resituarse, hablando con él conjunta y separadamente sobre la línea y los límites que habían acordado seguir con él. Carles, pese a los límites impuestos, se mostraba contento y entedía la actuación de sus padres, y Laura por fin dejó de hacer de madre y padre a la vez, pues había cogido este rol al ver las discrepancias entre sus padres y al entender que si no lo cogía ella nadie ayudaría a su hermano en esto, pero evidentemente era un peso que no le tocaba soportar y que la alejaba del rol de hermana y del momento vital que le tocaba vivir. También cabe destacar que con Carles y Laura tan solo hicimos un par de visitas, pues según la hipótesis que se iba confirmando, el trabajo a hacer con esta familia no se centraba en erradicar los síntomas de Carles trabajando con él de forma individual si no en hacer un trabajo de reestructuración entre todos los adultos.

 

Marc (45), Celia (46) y Héctor (14). Problemas familiares y depresión del hijo. 12 sesiones

“Se levanta diciendo que no se siente bien y que no quiere ir al colegio, seguro que después se pasa el día jugando con el ordenador. ¡Estamos desespeados, ya no sabemos qué hacer!”

Los padres de H vinieron a consulta angustiados porque su hijo adolescente llevaba unos meses muy decaído y sin querer ir a la escuela. Desde Psigma Barcelona les recomendamos una terapia familiar, pero no conseguimos nunca que H viniera, tampoco por un trabajo individual, por lo que nos dirigimos a él de manera indirecta, mediante cartas, y trabajamos sobre todo con sus padres, quienes realmente tenían el problema que desencadenaba los síntomas de H.
C llevaba años con muchos problemas personales y laborales, y los últimos meses se habían acentuado hasta el punto de tener que pedir la baja. Y M cada vez aparecía menos por casa. La comunicación entre ellos era realmente pobre y casi hasta hostil, y cada vez estaban más distanciados. Rápidamente nos dimos cuenta del significado de los síntomas del hijo, si él también se ponía enfermo y no iba al colegio, podría quedarse más tiempo en casa cuidando de su madre. Por este motivo, escribimos una carta a H, explicándole lo que pensábamos que estaba sucediendo y pidiéndole que volviera al colegio, pues estábamos muy preocupados por las consecuencias que su ausencia podía acabar generándole, tanto a nivel académico como social. A la vez dimos una serie de pautas a M y C, para llevar la situación en casa con H: ir los dos a una (se solían desautorizar el uno al otro), intentar no discutir en su presencia,etc. También les propusimos una terapia de pareja para entender el entramado de sus conflictos conyugales, ya que teníamos muy claro que era el origen.

H mejoró y empezó a ir al colegio, y sus padres dejaron de venir a terapia. Pero en unos meses volvieron, H había vuelto a fallar y no sabían como solucionarlo. Al explorar la situación vimos como habían vuelto las discusiones a casa y a distanciarse de nuevo como pareja, por lo tanto H volvía a su papel de salvador de sus padres cuidando de ellos personalmente. Hicimos énfasis en la terapia de pareja, pero aunque uno de los miembros lo veía claro, el otro no, tan solo quería que les ayudáramos con H, seguramente debido a un gran miedo a abordar el tema de la pareja.

 

Vanesa (15), Pepe (52), Rosa (51): Problema relación padres-hijos. Conflicto familiar. 28 sesiones.

Acudieron los padres preocupados por el vínculo pare-hija, muy deteriorado por la entrada de la hija en la adolescencia. Efectuamos 12 sesiones con los padres antes de ver a la hija.

En el análisis de la avaluación observamos que había mucha rigidez de valores por parte del padre que provocaba la lógica rebelión de la hija. El excesivo control e hipervigilancia por parte de los progenitores molestaba y agobiaba a la. Por lo tanto: discusiones, insultos, huidas de casa, lloros,...eran muy habituales.

"La niña se nos ha escapado de las manos,
ya no podemos hacer nada" (padre).

El asesoramiento consistió en explicarles qué observábamos en la dinámica familiar e intervenir en cada miembro, especialmente en los padres, en estrategias de tolerancia y flexibilización de creencias. Resultó muy difícil por la rigidez tanto del padre como de la hija.

Recomendamos al padre que tuviese voluntad y que cediese al principio, a no querer tener la razón (aunque la tuviese) hacia la hija, que utilizase las estrategias de aproximación de la hija que le recomendábamos, y que fuese más permisivo y tolerante en determinados conceptos que trabajamos en las sesiones.

Debido al gran esfuerzo de Pepe, la hija se fue acercando al padre, siendo menos agresiva.

Después intervinimos con la hija, estableciendo compromisos y pautas de resolución de problemas y de cesiones y aceptaciones de normativas de los padres. Cabe destacar las estrategias de negociación, en las cuales podríamos decir que la familia terminó siendo una gran experta.

Al cabo de 9 años volvió Rosa, la madre, por un problema de ansiedad, y nos comentó que la terapia había solucionado gran parte de los conflictos familiares.

 

Quim (17), Marta (49) y Josep (52). Conductas conflictivas del hijo y repercusión familiar. 5 sesiones.
(Baja consecución de objetivos)

Los casos de conflictos familiares son muy complejos, ya que requieren la colaboración e intervención de todas las partes implicadas.

Los padres de Quim, un chico adolescente de 17 años, estaban muy preocupados por la desobediencia de su hijo respecto de cualquier persona adulta: ellos, profesores, policías,..., por el elevado consumo de marihuana con los amigos.

La terapia consistió en intentar que Quim confiase en nosotros, lo cual no fue posible y acudía totalmente agresivo hacia el psicólogo, alegando la existencia de complot entre el psicólogo y los padres en las sesiones y consejos que le dábamos.

"vosotros vais en contra mía y no pienso
hacer nada de lo que decís"

Paralelamente se intentaba trabajar con los padres pero éstos, al ver que su hijo no experimentaba cambios y llegaba de la terapia muy enfadado con el psicólogo, dejaron de acudir cuando se les había propuesto trabajar con ellos la problemática, lo cual es muy recomendable y eficiente en estos conflictos.

Como vamos comentando, en la mayor parte de los ejemplos de psicoterapia es imprescindible el compromiso y el seguimiento de los objetivos por parte de los pacientes y del psicólogo continuamente porque en cualquier momento de duda o fracaso se puede abandonar la terapia y muy probablemente éste sea un "modus operandi" del paciente que le conducirá a la cronificación del problema.

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