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Casos prácticos de terapias de adultos

Lola, 42 años . Maltrato psicológico, somatizaciones. 22 sesiones:

Lola vino a Psigma Barcelona a través de una amistad de uno de los miembros del equipo, pues estaba tan decaída y se sentía tan mal consigo misma que no quería ayuda psicológica ni de ningún otro tipo.

Su discurso era lento y con un tono de voz muy bajo, hasta perdía el hilo de algunas frases. Madre de familia con tres hijos pequeños y casada desde hacía 12 años, era menospreciada a diario por su marido, quien no trabajaba por voluntad propia ni en casa ni fuera, pero sí administraba el dinero de la familia que Lola ganaba en su trabajo.
Empezamos haciendo un repaso a los hechos más significativos de su vida, y ya vimos como desde bien pequeña había sido educada en un ambiente machista, de poca valoración y alta exigencia. De joven, en seguida conoció a su pareja, con quien parecía que tenía que huir de la vida llevada hasta entonces, pero con quien se fue anulando poco a poco. Sutilmente él la iba distanciando de su familia y amigos, y la culpaba de todo lo que no iba bien, y debido a la culpa que ella fue haciéndose suya, respondía a las demandas de su marido.

¿Quién era yo para tener armarios para guardar mis cosas si lo único que tenía era mierda?
Siempre que quedaba con mis amigas, él tenía una reunión de la escalera y no podía quedarse con los niños.

En el momento de venir a la consulta, estaba de baja, pues tenía muchos dolores musculares debido al fuerte estrés que estaba sufriendo tanto en el trabajo como por la acumulación de casa, en seguida vimos que se trataba de somatizaciones de su dolor ya que no reconocía ningún tipo de queja hacia los otros, tan solo hacia sí misma.

El trabajo que hicimos fue de una índole muy narrativa, desde el repaso de su línea de la vida, la re-narración de su historia, y con la ayuda de la terapeuta, fue tomando conciencia de todos esos elementos de culpa, falta de valoración, etc. y fue abriendo los ojos, a la vez que “mágicamente” aumentaba el tono de su voz y dejaba de perderse en las frases. Se le habló del ciclo de la violencia, el juego sutil que utilizaba su marido y todos los maltratadores para conseguir lo que quieren. Y hablamos de todas las herramientas que tenía a su abasto (servicios sociales, legales, policiales,etc.) para poder plantar cara a su marido. Poco a poco Lola se fue quitando culpa, se hizo más fuerte y se sentía con mucho más poder para decidir en las diferentes áreas de su vida. Los dolores se desvanecieron, empezó a decir no en el trabajo y a su marido y a recuperar sus amistades. Por desgracia, tuvimos que detener la terapia por problemas económicos, pero por suerte ya se habían dado todos estos cambios y Lola había dado un giro de 180 grados en su vida.

 

Clara. 33 años. Infidelidad. 9 sesiones:

“No sé si me llegaré a perdonar,
pero lo peor es que no sé ni quién soy.
No me reconozco y esos me asusta...”

Clara buscaba la ayuda de un psicólogo en Barcelona, debido al gran sentimiento de culpabilidad que sentía después de haber engañado a su pareja y de haber provocado así el fin de la relación después de 15 años. Se definía como una chica super responsable y no entendía como había podido hacer algo semejante.

Reconstruyendo la historia de Clara vimos que efectivamente se trataba de una chica muy responsable, de dieces en la escuela, carrera universitaria, con un buen trabajo, y muy buenas relaciones familiares y sociales. Con la pareja todo había ido bien, aún y habiéndose conocido tan jóvenes. Vivían juntos desde hacía 8 años y hacía un tiempo que discutían el tema de los niños. Clara siempre había querido ser madre, pero había algo que la echaba para atrás desde hacía un tiempo. Con P hacía tiempo que dudaba, eran muy buenos amigos, pero se había dado cuenta de que no era lo que buscaba en una pareja. Lo había intentado dejar alguna vez, aunque solo fuera dejarse un tiempo, pero él siempre la convencía de lo contrario y al final siempre continuaba con la relación, esperando que algo cambiara. Explorando su historia, también vimos como coincidían estos periodos de duda con la muerte de su padre. Explicaba que había sido uno de los momentos más duros de su historia y que le había hecho cambiar su visión de la vida, como les pasa a tantas personas cuando se encuentran con la experiencia de la muerte tan cerca. Además, si le añadimos la edad y el momento vital por el que estaba pasando Clara (momento de plantearse el futuro a nivel de familia entre otros), sus características personales (responsable, familiar, cuidadora...) y las de su pareja ( persona dominante en la pareja y obcecado en la relación pero sin promover cambios), parecía que no tenía mucha elección a la hora de provocar dejar la relación, pues ella no hubiera sido capaz de hacerlo ni él la hubiera “dejado”. Poniendo sobre la mesa y entendiendo más todos los elementos que rodeaban la infidelidad de Clara y sin por ello justificarla, facilitamos el trabajo emocional a realizar para perdonarse y poder seguir adelante con su vida.

 

Jaume, 37 años. Trastorno Obsesivo Compulsivo. 37 sesiones:

J es un chico de 37 años, que vino a consulta angustiado por la intrusión de imágenes violentas en su mente,  aparecían en cualquier momento y  no las podía controlar. En ellas, se veía a si mismo como autor de un episodio agresivo contra alguien conocido, familiar o amigo.
A parte del gran malestar que le producía la visualización de tales imágenes, vimos que el mantenimiento e incluso el aumento de esta producción involuntaria estaba asociado a una serie de creencias que mantenía. Estas eran: si tengo estas imágenes significa que en el fondo quiero realizarlas; cuantas más imágenes tenga más probabilidad tendré de perder el control y acabar llevándolas a cabo; tener este tipo de imágenes es tan malo como hacerlo, pues desear mal a alguien es lo mismo que hacérselo; debería ser capaz de controlar mi mente y no permitir que esto ocurra, etc.

"Si tengo estas imágenes significa que en el fondo quiero realizarlas; desear mal a alguien es lo mismo que hacérselo; debería ser capaz de controlar mi mente y no permitir que esto ocurra…"

La solución intentada por el paciente fue la de cortar la imagen en el momento de la aparición y/o generar una imagen positiva que contrarrestara la violenta (imaginarse abrazando a esa persona), y centrar la atención en la posible aparición  de éstas. Pero estas soluciones generaban el efecto contrario y junto a las creencias antes comentadas, mantenían y aumentaban la producción de las imágenes intrusivas. El tratamiento entonces fue: centrarse en discutir la veracidad y la utilidad de las creencias mediante la técnica de la reestructuración cognitiva, y dejar las conductas de control.

Una vez realizada esta fase, nos encontramos con que las imágenes se habían reducido de manera significativa, pero J aún sentía miedo de algunas de ellas, las referidas a las personas que más quería. Así pues, decidimos enfrentarnos a ellas mediante la imaginación lo más real posible de las escenas visualizadas, lo cuál permitió a J perder definitivamente el miedo a su consecución y a la aparición de este tipo de imágenes. Al final del tratamiento el paciente afirmaba que de vez en cuando le aparecían algunas imágenes pero que las dejaba pasar y no les daba importancia ya que sabía que no tenía relación con ningún deseo oculto, que porque se le pasaran por la cabeza no significaba que fuera a hacerlo y que era imposible controlar todos y cada uno de los pensamientos de su mente.

 

Marta, 35 años. Trastorno por atracón. 24 sesiones:

M vino a consulta quejándose de no poder hacer nada por mejorar su aspecto físico, ya que varias veces por semana se daba atracones entre horas, a veces de cantidades elevadas y otras de menos, pero que en total hacían que su peso fuera incrementándose poco a poco hasta llegar a un índice de masa corporal (IMC) que ya no era saludable ni para su edad ni para su constitución física.

Explorando con M y registrando estos atracones, se dio cuenta de que usaba la comida para calmar la ansiedad que le generaban ciertos temas. Desde ese momento, cada vez que sentía el impulso de atracarse o de comer dulces, se preguntaba si realmente tenía hambre y si le apetecía realmente comer aquello, o si se trataba de reducir la ansiedad, y si era así empezó a poner en práctica sus propios recursos personales para solucionar lo que le preocupaba.

"¿Quiero comer porque realmente tengo hambre o me apetece, o para reducir mi ansiedad?"

A partir de ese momento,  se ayudó a M en aquellas áreas de preocupación que ella sola no se sentía capaz de manejar. Así, trabajamos algunas preocupaciones personales que tenía con su familia, desde la relación con su hija a la culpabilidad que sentía por algunos hechos del pasado referentes a sus padres. Para ello, le fue muy bien entre otras cosas, ver los errores cognitivos en los que caía a menudo y el trabajo de la asertividad. Poco a poco sus preocupaciones se fueron reduciendo y si tenía, las iba resolviendo por si misma de manera satisfactoria, y de rebote se redujeron las ganas de darse atracones con la comida. Esto, junto al cambio en los hábitos alimentarios y del ejercicio físico que se le enseñaron, hizo que fuera perdiendo peso poco a poco y que mejorara notablemente su autoimagen y sobre todo la sensación de control sobre sí misma.

 

Cecilia, 21 años. Episodio depresivo + Dispareunia. 21 sesiones:

C es una chica de 21 años que consideraba que tenía un carácter difícil, pero que últimamente notaba que se enfadaba más, se sentía más irritable, ansiosa, lloraba y le cambiaba el humor con mucha facilidad. Durante la evaluación, pudimos observar que la sintomatología que describía respondía a un episodio depresivo, básicamente originado porque no conectaba desde hacía tiempo con las personas que le rodeaban, incluida su pareja, motivo por el que se habían ido deteriorando estas relaciones.

Además, con la pareja hacía meses que no tenían relaciones sexuales ya que por un lado no sentía deseo y por el otro, sentía dolor durante las relaciones. Se vio y ella misma reconocía, que acostumbraba a malinterpretar  algunas situaciones y eso había hecho que se alejara de las personas que más quería.

"Últimamente me noto más irritable, lloro y sufro constantes cambios en mi estado de ánimo" "Hace meses que no tenemos relaciones sexuales porque siento dolor en la penetración"

Por lo tanto, nos centramos en trabajar aquellas cosas que hacían que malinterpretara situaciones sociales, de pareja, de familia.... ayudándola a encontrar nuevas alternativas posibles. Se trabajaron los errores cognitivos implicados y también el perfeccionismo mediante la técnica de la reestructuración cognitiva, pues mostraba altas expectativas que hacían difícil su cumplimiento tanto en ella como en los demás, conduciéndola a un estado casi permanente de frustración. Poco a poco, su estado de ánimo fue mejorando y aprendió a ver las situaciones diarias desde otro punto de vista, más empático y relajado, lo que le permitió acercarse de nuevo a las personas con las que convivía y a su pareja.

Pero lo que no mejoraba eran sus relaciones sexuales, pues C les había cogido tanto miedo que ya no quería ni intentarlo. Analizando como fueron las últimas relaciones, se vio que ya se encontraba inmersa en un estado de ansiedad importante y que durante las relaciones estaba más pendiente de sus preocupaciones personales que de la relación sexual en sí misma, por lo tanto no entraba nunca en una fase de excitación que le permitiera una lubricación suficiente para que se diera la penetración sin dolor. Citamos a la pareja para explicarle nuestra hipótesis, hablar abiertamente del malestar que producía el hecho de no tener relaciones durante meses, hacer una sesión de psicoeducación sexual y explicarles el tratamiento conductual que iban a seguir.  Este consistía en ir pasando fases desde la focalización sensorial y genital hasta la penetración completa, con una serie de hitos que deberían conseguir en cada fase antes de pasar a la siguiente. Cuando llegó la fase de la penetración, la relación sexual resultó satisfactoria e indolora, lo cual permitió a C acabar de perder el miedo a volver a sentir dolor y recuperó así el deseo sexual.

 

Mireia, 27 años: Depresión, desorientación vital. 32 sesiones:

Mireia es una chica que vino a terapia psicológica muy desorientada; lloraba constantemente y no sabía porqué estaba tan mal. La vida en general le iba bien, había finalizado estudios superiores, de la carrera que ella quería, su familia la ayudaba y la apoyaba, tenía recursos económicos, amistades, etc.

Al analizar juntos su historia y situación actual fuimos encontrando el hilo del problema: estaba pasando un cambio de ciclo vital que no encajaba; era el final de una época estudiantil en la que se había desenvuelto muy bien, ya que es una estudiante brillante, y empezaba una nueva época, más incierta e insegura, como es la entrada en el mundo laboral, con todo lo que esto implica.

"Estoy desorientada, lloro, sufro
y no sé qué me ocurre, necesito ayuda"
"Con la terapia psicológica estoy mucho más segura de mi misma y con un estado de ánimo más estable"

Trabajamos aspectos como entender el porqué de sus emociones en relación a la situación que estaba viviendo; Ella entendió qué le ocurría. A partir de aquí pudimos trabajar la aceptación de esta nueva situación y los temores que se derivaban de ella, así como aspectos de su personalidad que generaban más inestabilidad emocional y desánimo.

Finalizó la terapia psicológica muy satisfecha y con más recursos para poder enfrentarse a los cambios que supone vivir.

 

Carme, 50 años. Depresión por muerte de su pareja en accidente. 78 sesiones:

Carmen acudió al centro de psicología de PSIGMA de Barcelona al cabo de un año de que su esposo fuese atropellado por un coche con resultado de muerte. Presentaba una sintomatología muy depresiva, una personalidad dependiente de base, no tenía recursos emocionales y sólo pensaba en quitarse la vida.

"Roger, quiero morirme"

La psicoterapia consistió en trabajar el luto con estrategias cognitivas que le permitiesen ver las cosas positivas de au vida anterior a la relación de pareja, pero también de las presentes y de las que podía construir. Utilizamos diferentes técnicas emocionales e insistíamos mucho en las habilidades sociales, en la sociabilización y en el listado de recursos y fortalecimiento de la autoestima y de la autonomía (cabe destacar que siempre ha habido una personalidad muy dependiente que provocaba la mala gestión de la muerte).

El tratamiento fue complejo, con algunos intentos de suicidio graves que provocaban recaidas.

Actualmente Carmen viene a sesiones de control y seguimiento cada 2 meses y especialmente vamos fortaleciendo el proyecto vital y los rasgos de personalidad depresivos debidos a su personalidad neurótica y a la alta sensibilidad y debilidad que, a pesar de haberse reducido mucho, aun perdura.

 

José 32 años: Hipocondría. 61 sesiones:

La hipocondría es un trastorno con entidad propia pero lo podríamos englobar dentro de los trastornos ansiosos u obsesivos. Es un temor a tener o desarrollar enfermedades o síntomas corporales y emocionales y se caracteriza por un estado de alerta máxima y de autoobservación constante.

José acudió a los psicólogos de Vic en un estado ansioso muy importante. Acudía constantemente a urgencias del Hospital y tenía mucho miedo a tener un problema con el corazón o una enfermedad grave. Durante un par de años, tanto en la salud privada como en la pública, no cesaba de hacerse escáneres, TAGS y ecografías.

"Creo que no son normales estos latidos que oigo en el corazón y tengo que ir controlándolo"

Durante el primer año de terapia trabajamos la estabilización de la ansiedad a través de técnicas de relajación, de confrontación cognitiva, de análisis de probabilidad y búsqueda de información y de exposición en imaginación. Poco a poco fuimos utilizando técnicas de intención paradoja, de reestructuración cognitiva y de exposición gradual.

Estos trastornos son muy rígidos y provocan que la persona que los sufre acostumbre a necesitar una terapia muy larga, como ha sido el caso.

Actualmente José viene cada seis meses a PSIGMA para valorar su estado. Según él, se ha liberado de un 80% de los temores y puede hacer vida normal otra vez. Considera que es casi imposible que vuelva a ocurrirle, ya que ha adquirido una forma nueva de pensar sobre su cuerpo y la vida.

 

Albert, 28 años: Ansiedad, somatizaciones, malestar general. 41 sesiones:

El paciente provenía de otra terapia de medio año de duración que no le había funcionado. Venía deprimido y desesperanzado, creyendo que estaría mal durante toda su vida, a pesar de su juventud.

El malestar era múltiple y se manifestaba principalmente en días puntuales en que los problemas y la ansiedad eran muy elevados. Tenía dolores por todo el cuerpo y dificultades con el sueño.

Analizamos el estilo de vida, la organización y las prioridades y no observamos nada destacable.

"Creo que tengo alguna 'tara' que provoca que me encuentre mal; ningún médico me ha encontrado
nunca nada"

Cuando miramos más profundamente el tema del sueño, observamos que, a pesar de que el paciente dormía unas siete horas al día, consideramos que no descansaba, según su metabolismo, las horas suficientes. Sólo este motivo hizo que nos planteásemos de probar que durmiera 9 horas al día. Al cabo de pocas semanas, Albert se encontraba mucho mejor y la ansiedad y el malestar eran más puntuales.

Efectuamos algunos ajustes en la personalidad autoexigente y en priorizaciones vitales. Trabajando la reflexión de ciertos aspectos, realizando terapia cognitiva, haciendo algunos cambios en temas personales y laborales y dando más tiempo al deporte, la mejora llegó al 70%, hasta que finalizamos la terapia por acuerdo de ambas partes y porque Albert se consideraba preparado para seguir mejorando.

 

Regina, 43 años. Separación conyugal. Dependencia afectiva. Alta ansiedad. 15 sesiones:

La Reina llegó a la consulta con una ansiedad muy elevada, estaba en proceso de separación de su actual pareja y no lo aceptaba.
Explica que con la anterior pareja que tenía cuando lo dejaron pasó por la misma situación de ansiedad extrema, miedo de estar sola y necesitaba constantemente alguien a su lado.

Es un caso de dependencia afectiva muy claro ya que al estar en pareja automáticamente bajaba la ansiedad y no volvía a estar mal, el solo hecho de estar con alguien le daba seguridad y desconectaba las sensaciones de malestar y vacío en ella. Lo había experimentado en diferentes ocasiones.

“No puedo vivir sin él, estoy perdida, pensaba, ahora lo veo diferente, he aprendido a tener más recursos”

Seguimos la terapia de una manera poco lineal ya que su trabajo impedía poder tener un horario estable, mejoró a la hora de comprender los mecanismos de la ansiedad y la dependencia, tenía más recursos y una ansiedad menos invalidante pero no siguió la terapia  el tiempo suficiente como para poder mejorar completamente la dependencia a nivel afectivo. Le costaba mucho exteriorizar lo que sentía y buscó una nueva pareja, así a nivel sintomatológico hubo una gran mejora pero si la pareja tampoco funciona puede volver a recaer en un futuro.

 

Robert, 78 años. Problemas de memoria, 4 sesiones:

Robert pide hora de vista ya que últimamente ve que empieza a presentar ciertos problemas de memoria. Lo lleva a su hija ya que ha tenido diferentes episodios de olvido y se ha desorientado a la calle en dos ocasiones.

“Estoy mucho mejor que hace un mes cuando pedí visita, y me lo paso bien con los ejercicios de memoria que hago, estoy entretenido y contento, hice muy bien de pedir ayuda profesional”

Está asustado y no sabe cómo enfocarlo. Hicimos algunas sesiones, la primera de evaluación con un sencillo test de memoria para descartar o confirmar el diagnóstico de deterioro cognitivo, y apoyo emocional, escuchando sus demandas e inquietudes.

En las siguientes sesiones les explico cómo hacer un programa de estimulación cognitiva con unos sencillos ejercicios que él mismo se podía auto aplicar en casa. El Sr. Robert quedó más tranquilo y seguro de sí mismo, con el programa de estimulación cognitiva se lo pasaba bien y estaba activo propiciando el mantenimiento de la memoria.

 

Natalia, 62 años: Baja autoestima + inseguridad. 31 sesiones:

Es un motivo de consulta muy frecuente. Desgraciadamente, Natalia sufrió mucho durante su vida porque no sabía como solucionar su inseguridad. La interfería en muchas situaciones: familiares, laborales, ir a comprar, con los hijos y nietos...y le hacía pasar algunas temporadas con sintomatología depresiva. Siempre se veía inferior a los demás en todo y para todo, no se valoraba nunca y siempre la conducía a dar mucho, a no decir nunca que no y a no cuidarse.

"Los demás siempre han de ser antes que yo,
si ellos están contentos, yo también"

Cuando acudió a los psicólogos de Vic, tenía pocas esperanzas de poderlo mejorar, y más a su edad. A pesar de ello, empezamos por el trabajo de derechos humanos, habilidades comunicativas, entreno en aserto, crítica interior a los demás, establecimiento de expectativas y prioridades, gestión de las relaciones, saber decir que no, reestructuraciones cognitivas....que nos dieron unos resultados que ni los propios profesionales pensábamos obtener.

Cabe decir que la mujer sumisa e insegura que era pasó a sorprendernos a todos, organizando viajes y estancias en balnearios ella sola y haciéndose voluntaria de una ONG en la que conoció a dos de las que forman parte su grupo (recuperado) de amigas, La última vez que la vimos Natalia nos dijo que incluso podía aguantar discusiones y defender su opinión ante gente de su entorno: una muestra de dignidad y buena autoestima.

 

Gemma, 24 años: Timidez y fobia social. 35 sesiones:

La fobia social es un temor a la gente pero no a la cantidad sino a la observación y avaluación de esta gente. Esconde detrás una bajo autoestima e inseguridad, así como mucha exigencia.

A Gemma este problema le provocaba un alto sufrimiento. No se veía capaz de ir a ciertas clases de la Universidad, le ocasionaba problemas de relación con los demás y no sabía cómo aprovechar situaciones con chicos que le interesaban. Se sentía muy débil para poder tener y mantener un grupo de amigas y nunca se comunicaba íntimamente ni con los padres ni con los amigos.

Es estos casos la reestructuración cognitiva en el refuerzo de la autoestima y en la crítica interna a los demás es fundamental. Trabajamos situación sociales en imaginación y en exposición en que cada semana pautábamos pasos para ver cual sería la reacción de la gente. La confrontación siempre nos daba una valoración positiva por parte de los demás.

"no puedo, no puedo decir nada y no sé por qué...;
estoy muy mal"

Cuando Gemma empezó a ver más características positivas de ella que negativas, se sintió cada vez más en el mismo nivel que las demás personas y empezó a relacionarse como lo hacían los otros con ella. Se dio cuenta de que la gente la trataba bien y fue la retroalimentación que le permitió cambiar su percepción de debilidad social.

Actualmente, Gemma no tiene ningún problema de timidez que le afecte alguna área de su vida, si bien continúa con timidez puntual en ciertas situaciones y días, ya que forma parte de la timidez innata o temperamental.

 

Leonor, 28 años, problemas de relación con los demás, problemas con la familia de origen y celos. Estado de ánimo bajo. 30 sesiones:

La Leonor comienza la terapia para poder trabajar aspectos que según ella no le gustan de sí misma, quiere dedicar un tiempo a hacer crecimiento personal. Tiene una historia que se remonta a su familia de origen, de mucha dependencia emocional, llegando a situaciones desagradables y muy tensas.

Muy joven se desvinculó de la familia para poder hacer su camino en la vida, con sus valores e inquietudes y viviendo la vida como cree que debe hacerlo, pero este camino no le es fácil y tiene sentimientos contradictorios y desajustados, que no le ayudan a poder disfrutar libremente de su libertad personal.

“Es sorprendente cómo puedes ser más feliz si dedicas un tiempo a ti con una buena terapia psicológica”

Estos problemas se han manifestado con más intensidad por una ruptura con la pareja.

Trabajamos a nivel narrativo y vivencial, comprendiendo lo que le ha pasado, vamos construyendo lo que quiere ser, y cerrando heridas del pasado. Trabajamos con para poder ampliar diferentes situaciones conflictivas que le han sucedido y maneras alternativas de proceder, para mejorar la seguridad y confianza en sí misma. Leonor hace el proceso poco a poco pero está muy contenta con las mejoras a nivel anímico y a nivel de autoestima, sobre todo ve que ha crecido a nivel personal y ya no tiene sentimientos intensos de rabia hacia la familia de origen.

 

Gregorio, 42 años. Trastorno bipolar. 14 sesiones:

G vino al centro desesperado por sus cambios repentinos de estado de ánimo y la intensidad con la que los vivía sin poder controlarlo. Sabía que sufría un trastorno bipolar des de hacía muchos años y se estaba medicando correctamente, pero nunca nadie le había hablado en profundidad de cómo funcionaba este trastorno ni le habían dado más recursos a parte de la medicación. G tampoco relacionaba sus altibajos emocionales con el trastorno y lo atribuía más a un “error” en su personalidad o manera de ser, lo cual tampoco le ayudaba demasiado.

“El trastorno bipolar no se cura por el momento,
pero sí que se puede controlar y mejorar
el bienestar psicológico y la calidad de vida”

Analizamos su historia pasada y reciente respecto a sus cambios anímicos, diferenciando los “inesperados” que pudimos atribuir a su enfermedad, y los “esperados” ya que iban ligados a desencadenantes lógicos y no eran tan intensos como los otros. Respecto a los cambios esperados, trabajamos algunos de esos desencadenantes (discusiones conyugales y familiares en su caso) para manejarlos mejor. Y respecto a los inesperados, conseguimos localizar las señales previas a los episodios depresivos o maníacos y pensamos en las estrategias que mejor  le podían ir para reducir la intensidad de estos (muchas de ellas ya los utilizaba pero no de manera consciente, y otras las generamos entonces).

“Me pongo tan mal, que me voy al hospital para que me ingresen antes de acabar haciendo alguna tontería”

El trastorno de G lógicamente no desapareció al finalizar la terapia, pues se trata de una enfermedad crónica, pero sí que conseguimos controlar sus efectos, ponerle conciencia y sobre todo sentir que tenía más control sobre sí mismo, con lo que también acabó ganando en cuanto a autoestima.

 

Laia, 25 años. Duelo no resuelto. 9 sesiones:

L vino a terapia muy angustiada porque aunque estaba muy bien con su pareja y sabía del cierto que le quería, continuaba pensando en su ex-pareja con quien ya no tenía ningún tipo de contacto.

Estos pensamientos tenían un fuerte componente de rabia y de tristeza y nunca habían sido expresados, ya que la ruptura fue muy brusca y enseguida empezó con la relación actual. A la vez se sentía muy mal al pensar en ello, como si estuviera engañando a su pareja actual aún a sabiendas de la naturaleza de sus pensamientos.

“Cuando estoy con mi pareja y me acuerdo de mi ex
me siento fatal, como si le estuviera engañando,
y ya sé que no, pero no puedo evitar sentirme así... ¡Necesito cerrar ese capítulo!”

Vimos claramente que no se había hecho un duelo por su ex-pareja y que teníamos que encontrar el momento y el lugar para hacerlo. Como se sentía preparada a iniciarlo, dimos pie en la consulta para que se diera la expresión de todos aquellos pensamientos y sentimientos, y con la realización de diferentes tareas para casa para ayudar en el proceso. Utilizamos técnicas emocionales como las listas de agravios, las cartas dirigidas pero no entregadas a la ex-pareja, las sillas vacías y algún que otro ritual de cierre. Una vez hecha toda la expresión emocional, M dejó de pensar en ello y recuperó la tranquilidad y la alegría que la caracterizaban.

 

Teresa, 30 anos. Baja autoestima, 18 sesiones:

T acudió a Psigma angustiada física y emocionalmente. A nivel físico sentía un ahogo y una presión en el pecho que no comprendía y emocionalmente se sentía absolutamente perdida en su vida.

Hicimos la técnica de la externalización del síntoma y vimos que el síntoma solo se daba en situaciones en las que T se sentía insegura, y que la función de éste no era otra que alertarla de su manera de actuar con el fin de agradar a los demás.

“La presión en el pecho me dice que vigile con lo que digo delante de según quien para agradar...”

Corroboramos la hipótesis estudiando su historia de vida, y cuando se había sentido tranquila y segura con los que le rodeaban o hacía aquello que le gustaba desaparecía el síntoma.

Estuvimos un tiempo trabajando la inseguridad, objetivizándola, viendo de donde venía y expresando aquellas emociones negativas que guardaba en su interior hacia las personas que le habían hecho sentir así. Una vez hecho esto pudo comprender a esas personas  (por ejemplo a sus padres, que por sobreprotegerla la habían invalidado continuamente), las pudo perdonar y se sintió mucho más segura de sí misma.

El ahogo fue desapareciendo paulatinamente a medida que fuimos trabajando hasta quedar vacío, pues ya no necesitaba ninguna alarma de protección porque se sentía segura de quién era y no necesitaba ser nadie más que ella misma..

 

Ingrid, 45 años: Moobing. 22 sesiones:

El moobing es un maltrato psicológico en el ámbito laboral o académico.

Ingrid llevaba 4 años con un elevado sufrimiento ya que se jefe, empresario destacado, la sobrecargaba de trabajo, la ridiculizaba en público y le hacía comentarios sexuales en privado que la mantenían en un estado de ansiedad y tristeza muy peligrosos para su salud.

"no puedo más, no sé qué hacer, estoy en sus manos,...hace lo que quiere y no puedo decir nada"

Fueron claves las primeras 5 visitas, en las que, después de analizar el problema, la paciente se dio cuenta de qué le ocurría y pudo ver que tenía muchos derechos que desconocía y, por lo tanto, que no utilizaba.

Después del sorprendente descubrimiento, empezamos a elaborar un diseño y un plan para que pudiese, poco a poco, cambiar la conducta y la actitud ante su jefe y compañeros de trabajo. Este nuevo rol consistía en ser más pasiva en algunas áreas y comentados del jefe y más habilidosa y asertiva en otras.

Obtuvimos resultados importantes ya que el jefe quedaba desorientado y percibía a "su víctima" como más valiente que antes y progresivamente él fue molestándola menos. Como consecuencia, Ingrid no tuvo que dejar el trabajo y pudo volver a sentirse tranquila, llevando un ritmo de trabajo correcto. Recuperó la salud, empezó a dormir bien y su autoestima personal y laboral consiguió unos puntos que incluso ella no recordaba haber tenido nunca.

 

Montse, 33 años. Dependencia emocional y baja autoestima. 6 sesiones:

Montse acude a terapia movida por la angustia que le supone tomar una decisión: acabar definitivamente con la relación de pareja con Tom o seguir con él.

Cuando identificamos los motivos que le han conducido a este planteamiento aparecen emociones como la rabia, la angustia y la decepción ante las faltas de respeto de Tom, la sensación de no tener voz propia, las continuas discusiones y pocas muestras de afecto, etc.

Al indagar en los aspectos que le impiden tomar una decisión aparece un aspecto clave en el proceso de terapia: “Me da miedo quedarme sola; sola no valgo nada”. Para Montse, decidir implicaría dejar de tener pareja, lo que para ella significa dejar de tener valor. Esta creencia se hace evidente cuando exploramos su línea de vida en relación a las parejas y observamos –por sorpresa de Montse- que desde los 15 años siempre ha tenido pareja, pasando sólo 6 meses soltera.

Montse, hasta ahora, ha estado viviendo y siendo en función de los demás, subordinada a sus parejas y siempre con una necesidad excesiva de agradar y complacer a los otros, lo que explica su inseguridad, la frecuente presencia de sentimientos de culpa y el conflicto interno que padece: “Siento que no puedo ser yo”.

Durante la terapia, se trabaja la toma de decisiones y habilidades sociales para pasar de una posición pasiva a adoptar una posición asertiva; hablando, sintiendo y actuando desde el Yo. La regulación emocional también es un punto esencial para empezar a conectar con las propias emociones, necesidades y deseos, así como romper con aquellas creencias y máscaras que la están limitando en su proceso hacia la autonomía.

Finalmente, Montse decide acabar con la relación de forma definitiva: “He tomado una decisión pensando en mí, no en lo que sería sin él. Tengo que estar bien conmigo misma, ahora lo veo”. Se ha dado el permiso para legitimarse, ser coherente consigo misma y conectar con la solitud.

 

Francesc, 53 años. Problemas relacionales y crisis de ansiedad. 9 Sesiones:

Francesc viene a terapia por primera vez con una demanda clara. Hasta el momento había intentado hacer terapia en dos ocasiones. La primera fue para ayudar a su hijo adolescente a relacionarse con el grupo de iguales y en la segunda ocasión hizo terapia de pareja. En ambas terapias su implicación fue breve, ya que vino sólo dos y tres sesiones.

En esta ocasión la demanda era propia. Quería dejar de sufrir angustia, ya que se sentía inútil como padre desde que se divorció hace 3 años. El paciente se mostraba muy ansioso, con verborrea, palpitaciones, sudoración... hecho que dificultó las primeras sesiones de terapia, las cuales se dedicaron a reducir la angustia con técnicas de relajación y respiración así como la elaboración de un diario de la ansiedad. A partir de este diario se pudo observar que la mayoría de crisis de angustia se producían después de haber mantenido contacto con la ex-mujer, y dedujo que cuando hablaba con ella, se reactivaban los miedos como padre. En consecuencia, se trabajó en la búsqueda de la función del síntoma a partir de la entrevista al síntoma y la externalitzación de la ansiedad.

A partir de este trabajo, junto con la línea de la vida, Francesc entendió que todas las mujeres de la su vida (abuela, madre y ex-mujer), habían sido dictatoriales y no le permitían expresarse y actuar libremente y que empezaba a hacer lo mismo con su actual pareja, aunque la relación era muy diferente.

“He pasado tota la vida sin entenderme a mí mismo, pensando que yo era el bicho raro, el inútil, cuando en realidad todo tenía un sentido y una razón de ser. Ahora entiendo porqué era tan sumiso y por eso puedo ponerle remedio.”

Él se pensaba que con el divorcio se había liberado, pero en la terapia se dio cuenta de que aún estaba muy unido a su ex. Así, Francesc empezó a liberar nexos que la unían a ella: el coche, los favores personales, la falta de límites con las llamadas, el piso compartido… Al mismo tiempo, empezó a ser más natural con su actual pareja y con sus hijos, ya que sentía una especie de deuda con ellos. Se trabajaron los límites con los hijos y la aceptación de la etapa que están viviendo (adolescencia). Empezó a marcar obligaciones y pudo comprobar que los hijos las toleraban muy bien. También consiguió dejar de fumar y vivir más en pareja, siendo más natural y mostrando su opinión, sin sufrir por la reacción que pudiera tener la pareja, y evaporándose así el miedo al abandono. Esto se trabajó con la pregunta milagro y las preguntas escalas. Después de 9 sesiones se dio por finalizada la terapia, debido a que ya no existían crisis de ansiedad, Francesc se había apuntado a actividades que le gustaban más, había mejorado su relación de pareja y con sus hijos y se había distanciado de su ex.

Raúl, 33 años. Agresividad. 12 Sesiones

Raúl vino a terapia como recurso para evitar la separación de su mujer, ésta le dio un ultimátum ya que Raúl tenía reacciones muy agresivas y cada vez eran más frecuentes e intensas.

La terapia la centramos en que él viera la necesidad de conocerse mejor y poder aumentar el repertorio de sus recursos para poder afrontar diferente estas reacciones agresivas e impulsivas que estaban generando mucho malestar en él y en su entorno. Vio claramente que no afrontaba bien ciertas situaciones y cómo disparaban su conducta agresiva. Trabajamos para aumentar la conciencia en estos momentos difíciles y que pudiera darse cuenta de la secuencia de su propia agresividad, empezamos a introducir cambios en esta secuencia para romperla.

En unas cuantas sesiones comenzó a cambiar la forma de pensar en estos momentos y a generar conductas alternativas, aprendió a calmarse y a relajarse, también a comunicarse de una manera mucho más efectiva con los suyos. Aplicó muy bien los cambios sugeridos y comenzó a tener experiencias de éxito ante situaciones complicadas y reforzó mucho estos nuevos aprendizajes. Al finalizar la terapia había mejorado mucho su relación de pareja, familiar y con todo su entorno y estaba muy contento y satisfecho por los cambios positivos y todo el bienestar que había generado en su vida.

Carolina, 52 años. Perfeccionismo. 7 sesiones.
(baja consecución de objetivos)

Carolina vino a Psigma muy preocupada y angustiada por diferentes situaciones que se iban repitiendo en su día a día, pero sobre todo por el trabajo, donde se sentía absolutamente fuera de lugar con sus compañeros. En casa también se angustiaba mucho, en este caso porque sentía que todo y todos tenían que "estar en su sitio".

La gran cantidad de preocupaciones y el tiempo que invertía en ellas hacía que no encontrara momentos para sí misma ni que quisiera tenerlos, ya que si no llegaba donde ella creía que debía llegar tampoco se sentía merecedora de ello.

Había intentado mejorar leyendo un buen número de libros de autoayuda y asistiendo a varios talleres de autoestima, reiki, habilidades sociales... En total, acudió a 5 sesiones, muy de vez en cuando e incluso a veces tenía que irse 5 o 10 minutos antes porque llegaba tarde a algún sitio.

La sensación que se percibía era de desesperación después de pasar tanto tiempo buscando una solución a sus problemas y fracasando en el intento, y venir a terapia por tanto era un nuevo intento teñido ya de un posible sentimiento de fracaso.

Con tan solo 5 sesiones no tuvimos tiempo de profundizar en su problemática, y más cuando cada vez que venía se sentía angustiada por un nuevo tema por el que pedía solución inmediata.

Aunque se le dijo que necesitábamos algo de tiempo para conocernos y trabajar aquello que era realmente importante, la impaciencia generada por su gran angustia hizo que dejara la terapia; y nuestro error quizás fue el de no poner suficiente émfasis en la necesidad de darnos el tiempo necesario enmarcándolo en la complejidad de su situación.

 

Héctor, 40 años. Insomnio. 34 sesiones.
(baja consecución de objetivos)

Se trata de un caso que los profesionales de PSIGMA recordamos mucho, ya que provocaba mucho sufrimiento tanto al paciente como a nosotros.

Según Héctor, no solía dormir más de 3-4 horas al día desde hacía 5 años y sólo en algunos fines de semana conseguía dormir 7-8 horas. No presentaba ansiedad ni depresión, ni tampoco dolores ni otras somatizaciones debidas a trastornos psicológicos u orgánicos.

"El no pudo (o no le interesó) reconocer ni detectar problema emocional alguno"

Enfocamos siempre la terapia en Barcelona tratando el insomnio como una somatización de la ansiedad-insatisfacción inconscientes o estrés que sufría el paciente.

El no pudo (o no le interesó) reconocer ni detectar problema emocional alguno que creímos que existían en el ámbito laboral y de pareja, así como en la falta de suficientes gratificaciones para vivir.

Todos estos aspectos, más una personalidad muy rígida y exigente, condujeron al paciente a comentarnos para acudir a otra psicóloga y al Dr. Estivill, para probar si le solucionaban el problema. Una llamada de seguimiento que efectuamos una vez transcurridos 8 meses desde que abandonó la terapia, nos comentó que continuaba igual y que las 2 terapias que había probado no le habían ayudado a mejorar, así como que le habían diagnosticado lo mismo que el psicólogo de Barcelona.

Consideramos que a Héctor le faltaba mucha valentía e insight (introspección) para poder solucionar o mejorar los problemas que negaba y sería entonces cuando el insomnio se eliminaría o reduciría.

No estaba suficientemente consciente ni preparado para asumir el diagnóstico que todos los centros le efectuamos.

 

Manuel, 47 años: Ansiedad y depresión. 17 sesiones.
(baja consecución de objetivos)

Un caso que en PSIGMA ponemos de ejemplo a mucha gente que acude a nosotros.

Manuel había llamado unos meses atrás y había venido a conocer el centro y nuestra metodología porque ya había probado otros psicólogos y centros y no obtenía resultados. Al cabo de medio año vuelve a contactar diciendo que quería iniciar terapia con nosotros.

En la primera sesión le valoramos el trabajo hecho anteriormente y le dijimos que había sido un trabajo muy bueno y que el hecho de que no haya obtenido resultados seguramente será responsabilidad de él, al no poder confiar en su propio cambio o mejora.

"nadie puede ayudarme, la psicología y la terapia
no sirven para nada"

Después de fijar objetivos concretos con un plazo de tiempo establecido en 35 sesiones, como mínimo, debido a la problemática ansioso-depresiva que presentaba el paciente, observamos como Manuel, sesión a sesión, se mostraba más impaciente, crítico y desconfiado hacia el psicólogo y la terapia. Intentamos reconducirlo y explicarle que esto puede provocarle un sufrimiento crónico en su vida.

A pesar de los fracasos terapéuticos anteriores y la terapia centrada en el error que hacíamos, el paciente abandonó la terapia en la sesión 17ª, diciéndonos que la psicología no seria para nada y que estábamos muy equivocados.

Es importante observar como nosotros mismos, o nuestra mente, puede arruinarnos totalmente nuestra vida y felicidad, ocasionando que nos cronifiquemos en el sufrimiento y que desconfiemos de cualquier tipo de ayuda.

 

Noemí, 34 años: Fobia social y tristeza. 31 sesiones.
(baja consecución de objetivos)

Otra persona con un problema de rigidez mental y exigencia muy elevadas.

Queremos comentar que en cualquier terapia psicológica o de salud los pacientes que tienen menos paciencia y que suelen abandonar los tratamientos son los rígidos y exigentes que, sin querer autodestruirse, van abandonando las opciones que les ofrecen la medicina y la salud actuales creyendo que "nadie puede ayudarles" o que "son un caso perdido".

Noemí presentaba cierta tristeza y muchas dificultades para relacionarse con los demás. Se consideraba una chica amargada con una personalidad suspicaz y crítica que la llevaba a ser muy selectiva y a no intercambiar demasiadas palabras con nadie.

Trabajamos la fobia social con todas las estrategias eficaces de la terapia cognitiva. Trabajamos también la parte de autoestima y de frustraciones. Con Noemí observamos una rabia y envidia importantes hacia los seres humanos en general y, cuando intentábamos construir ideas positivas sobre éstos o la vida, se negaba rotundamente a ello, efectuando ataques y críticas hacia el psicólogo y la terapia.

"los pacientes que tienen menos paciencia y que suelen dejar los tratamientos son los rígidos y exigentes que, sin querer autodestruirse, van abandonando las opciones que les ofrecen la medicina y la salud actuales creyendo que "nadie puede ayudarles" o que "son un caso perdido..."

La relación terapéutica se fue rompiendo ya que la paciente enfocó su frustración vital y terapéutica en que no la estábamos ayudando y que le hacíamos perder el tiempo y el dinero. Abandonó la terapia a los nueve meses de tratamiento.

Cabe decir que tal paciente participó en un grupo de fobia social muy exitoso en que los propios miembros la definieron como negativa, amargada y muy desconfiada.

Opinamos que, a pesar de ello, Noemí, adquiriendo más conciencia de lo que le conviene para no sufrir, algún día hará un cambio de pensamiento y estará más receptiva a la gente y a los cambios, sintiéndose igual que ellos y, por lo tanto, satisfecha.

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