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Ni “tan fácil” ni quizás “tan difícil”

embarazo

Como mi compañera Maria Sàbat comentaba en su último artículo “Existen las superwomen?”, desde hace unos años, las mujeres han podido avanzar mucho en su rol de autonomía y de independencia en la sociedad. Muchas de ellas han cultivado considerablemente su vertiente profesional, estudiando, promocionándose y especializándose en materias diversas. La lucha por alcanzar esta autorrealización así como para conseguir estabilidad sentimental y prosperidad económica, siguen siendo algunos de los principales factores que inciden en la postergación de la maternidad.

Según recoge el Instituto Nacional de Estadística, tener un hijo más allá de los 30 años es lo “normal” en España y añaden que la edad media para la maternidad se retrasa hasta los 32 años, tres años más que hace dos décadas . Paralelamente, se ha duplicado también en este periodo el número de mujeres que opta por tener a sus bebés superados los 40 años (estas son las denominadas familias tardías).

Con estos datos sobre la mesa y dejando de lado el debate sobre qué podría suponer un aumento de las “familias tardías” para la sociedad actual (algunos expertos hacen mención a situaciones generacionales complicadas) y también sobre cuál es el momento óptimo o más adecuado tanto a nivel físico como psicológico de la mujer para tener hijos (hay que tener en cuenta que cada etapa presenta sus particularidades y que por tanto, todas presentan ciertas ventajas e inconvenientes) lo que si resultaría beneficioso es que de forma preventiva se hiciera una pedagogía importante a este colectivo de mujeres que postergan la maternidad más allá de los 30 años con el fin de erradicar falsas creencias (muchas veces casi inconscientes) del tipo: “me quedaré en estado en el momento que lo deseemos”, “quedar embarazada siempre resulta de lo más fácil “,” enseguida conseguiremos ser padres “,”esto será pan comido “, y un largo etcétera.

Esto se convierte en una tarea importante, ya que en consulta nos encontramos que esta tendencia a retrasar la maternidad junto con las consiguientes dificultades que pueden surgir en el proceso de concepción, vienen acompañadas en muchas ocasiones de un conflicto psicológico importante, pues estas futuras madres se dan cuenta que una vez han alcanzado la estabilidad deseada (laboral, sentimental, personal, etc) la concepción del hijo no resulta tan “sencilla” ni “inmediata” como ellas creían.

Hay que tener presente pues, se considera que entre los 20 y 25 años es cuando se produce el pico máximo de fertilidad de la mujer, y parece ser que hasta poco antes de los 30 años no hay diferencias “extremadamente” significativas en cuanto a las probabilidades de concepción por ciclo menstrual. No obstante, a partir de los 30 años y hasta los 35 la fertilidad disminuye lentamente, y después de este período, esto ocurre de una forma más rápida.

En este sentido, con absoluta libertad y respeto que cada mujer pueda “escoger” (relativamente) en qué momento o etapa de su vida desea ser madre, si es importante comprender y asumir con naturalidad que a mayor postergación, es posible que se produzca mayor dificultad en la concepción y por tanto mayor tiempo de espera. Esto sin embargo, no significa ni justifica que la mujer deba etiquetarse como un ser “desafortunado o desgraciado”, “inferior”, “extraño”, “víctima del destino”, “único”, etc. con pensamientos catastrofistas del tipo: “los otros pueden y yo no podré”, “me da vergüenza decírselo a mis amigos porque nos juzgarán o sentirán lástima de nosotros”, etc.

Así pues, hay que saber que una actitud serena y optimista puede ser la mejor consejera en nuestro camino, pues son muchos los estudios los que en la actualidad investigan activamente en como los bloqueos emocionales afectan a la concepción, dificultándola notablemente e incluso, en los casos más graves, produciendo abortos espontáneos.

Por los motivos expuestos a lo largo de este artículo, resulta necesario tener en cuenta que es “habitual” y “normal” que en función de la edad de la mujer (sobre todo a partir de los 30 años), los especialistas recomienden esperar un mínimo de doce meses antes de comenzar un plan de diagnóstico y tratamiento de infertilidad. Hay que tener en cuenta que el hecho de que la mayoría de parejas hayan empleado algún método anticonceptivo de forma reiterada y durante un largo período de tiempo para evitar el embarazo, también es uno de los factores que pueden contribuir a ralentizar el proceso.

Antes de alarmarse pues, es importante seguir siempre los consejos recomendados por los expertos y mantener la tranquilidad y racionalidad. Conocer y ser consciente de todos los problemas que pueden surgir es vital para estar preparados y poder hacerles frente, evitando en buena medida dichos bloqueos.

La PACIENCIA es un árbol de raíz amarga pero los frutos son muy dulces (proverbio persa).