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Primeros amores de verano, después del verano

¡Buenos días!

El verano se convierte en un paréntesis del curso escolar, un paréntesis en el que l@s adolescentes salen de la rutina, disponen de más tiempo libre y en el que suelen adoptar una actitud más positiva, más abierta y más sociable. A menudo con las vacaciones también hay un cambio de escenario, se conoce a gente nueva y el espíritu aventurero y explorador se encuentra en su máximo esplendor. Todos estos factores facilitan, sumándole las hormonas, que se cree el escenario idóneo para que surja el enamoramiento entre l@s jóvenes (¡y no tan jóvenes!).

El enamoramiento es una fase muy intensa y pasional, en la que se vive gran entusiasmo, motivación y ganas incontrolables de estar con la otra persona, lo que hace que toda la atención se centre en ella, como si no existiera nada más en el mundo. No hay la sensación de tocar de pies en el suelo, sino de volar, de vivir un sueño. La dopamina i la oxitocina, esta última la hormona del amor por excelencia, están por las nubes. Si, además, esto ocurre en un período de tiempo “limitado”, aún se vive más intensamente. Es precisamente en este punto cuando pueden aparecer dudas y temores. Son habituales y es conveniente planteárselas, pero sin que ello suponga no poder disfrutar del momento y de la experiencia que se está viviendo. ¿Se trata de una relación con compromiso o sólo es un “rollo”? ¿Qué podemos hacer para que la relación perdure? Y la pregunta del millón: ¿Qué pasará cuando se acabe el verano?

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La mayoría de los enamoramientos durante las vacaciones tienen lugar fuera de la ciudad de origen. Ella de Vic, él de Almería y se enamoran en Menorca. La distancia puede ser uno de los factores que puede dañar y terminar con una relación, aunque con las nuevas tecnologías cada vez existen más recursos para que sea posible. Otra posibilidad es que, en tan poco tiempo, tan solo se haya visto una pequeña parte de lo que es la otra persona, de modo que no ha habido tiempo suficiente para conocerla en su día a día, ni de conocer sus defectos; es como si se tuviera una imagen parcial o reducida y esta otra faceta no siempre acaba resultando tan atractiva como parecía. También puede pasar que no haya la misma implicación o el mismo concepto de pareja para los dos, impidiendo así el compromiso y una buena intimidad para construir la relación de pareja. Nos encontramos, entonces, ante una ruptura que el adolescente tiene que afrontar.

Ante una ruptura es frecuente que aparezca la sensación de que resultará imposible reponerse, el miedo a estar sol/a e incluso la creencia de que se ha perdido la capacidad de amar o de ser amad@. Las rupturas son experiencias dolorosas, no existe una píldora mágica que nos proteja y evite este dolor y, de hecho, se tiene que pasar para poderla superar. El duelo se desarrolla en diversas fases: el shock o sorpresa inicial, la negación a no querer creer que realmente es el final de la relación, la tristeza –muy necesaria para conectar con nuestros sentimientos- y la rabia, que nos mueve y nos permite sobreponernos para finalmente llegar a la aceptación y reconstrucción. Este proceso puede durar desde meses a uno o dos años. Con el tiempo se podrá sentir como una experiencia vital que seguro que ha aportado cosas buenas y ha permitido que se conozcan a ell@s mism@s un poco más.

El papel de los padres es muy importante a la hora de ayudar a gestionar este tipo de situaciones. Escuchar a los hij@s es esencial. No hay que intentar quitar relevancia a esta experiencia, ya que el dolor que sienten es real y totalmente válido. Hace falta acompañarlos en su proceso, respectando su ritmo, y que entiendan que los padres están ahí para lo que necesiten, sin juzgar, minimizar, etc. No resulta fácil ver sufrir a un hij@, pero si se da ejemplo al tolerar la frustración y gestionar adecuadamente las emociones, indirectamente ya se estará facilitando este espacio. Empatizar es la clave; incluso los padres pueden compartir alguna vivencia de separación con ell@s, resaltando los recursos y estrategias que siguieron para afrontar tal situación. Por otro lado, resulta adecuado motivarles a buscar actividades que les hagan sentir mejor. Y ante todo, recordarles que lo más importante es quererse a un@ mism@.

Podéis encontrar referencias sobre éste artículo y más información en el siguiente enlace:

http://www.ara.cat/premium/lestiu-tornem-mes-promiscus_0_1412858721.html

Carla Piqué, psicoterapeuta sexual y de pareja en Psigma Manresa
carla@psigma.cat