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Dolor Crónico

¡Hola Psigmeros/as!

Todos los seres humanos hemos experimentado dolor en algún momento de nuestras vidas. Si bien es cierto que de forma diferente, con duraciones diversas de dicho dolor y con consecuencias en tanto que limitaciones para la vida diaria, también diferentes. Esto significa que el dolor, aun siendo una experiencia perceptible por todos los seres vivos que disponemos de un Sistema Nervioso Central, tiene un componente irremediablemente subjetivo, propio e idiosincrático.

Ahora bien, este dolor puede ser agudo, si es de corta duración y suele relacionarse con la lesión que lo ha causado y que suele desaparecer, también, cuando ésta se cura (como por ejemplo el dolor que aparece a causa de un golpe) o puede ser crónico, de larga duración (más de tres meses) e incluso podría acompañar a la persona el resto de su vida (como por ejemplo que el dolor aparecido por una lesión en el tobillo persistiese después de que dicha lesión se curase).

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Cuando hablamos de dolor crónico en el ámbito de la psicología nos estamos refiriendo a un trastorno que se conoce como Trastorno de síntomas somáticos con predominio de dolor. Este se refiere a una experiencia intensa de dolor mantenido sin lesión física identificable y que causa malestar y deterioro de la vida cotidiana de la persona que lo padece. Es habitual pues, que la vida de la persona que lo padece se vea limitada y, en consecuencia, aparezcan problemas emocionales, conductuales y cognitivos, como por ejemplo depresión, mala calidad del sueño y dificultades de concentración.

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) la mitad de los pacientes de atención primaria que presenta los síntomas propios del dolor crónico no ha podido recuperarse después de un año desde el comienzo de la patología. En términos cuantitativos, se estima que entre el 15-20% de la población adulta presenta dolor persistente o crónico. Y una de las cuestiones más importantes: se desconoce la causa exacta. En este sentido, en el ámbito científico aún queda mucho terreno por investigar.

Actualmente, aunque se continúe investigado por tal de mejorar los conocimientos ya disponibles sobre el trastorno y acabar con los interrogantes por resolver, existen intervenciones posibles para poder cambiar la manera de convivir con este trastorno en su parte psicológica, concretamente, la que aquí comentaremos se llama Terapia Cognitivo-Conductual (aunque de igual manera también existan otras lineas alternativas de intervención, lógicamente).

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Esta línea terapéutica focaliza el tratamiento de las emociones, los pensamientos y las conductas que limitan a la persona que percibe el dolor y no lo dejan funcionar en plenitud dentro de las limitaciones que obviamente comporta la percepción del dolor. De esta manera, la intervención psicológica se centra en varios objetivos:

· Informar y ayudar a entender la idiosincrasia del trastorno.
· Enseñar técnicas de gestión fisiológica (relajación física, control de la respiración, etc.)
· Reconstruir la visión subjetiva que se tiene de la experiencia de dolor, por una visión más adaptativa y funcional para el paciente o, dicho de otro modo, cambiar la manera de entender el dolor.
· Identificar y modificar aquellas conductas que son contraproducentes para poder convivir con el dolor de una manera más beneficiosa.

Todos ellos bajo la idea fundamental de aceptación de una condición crónica, en lugar de buscar por todas las vías posibles la eliminación del dolor, pasar de una posición de lucha permanente a una posición de convivencia con el dolor, buscar el alivio y no la eliminación, con el objetivo final de mejorar la calidad de vida de la persona que presenta ésta condición crónica.

Cristian Toribio,  psicólogo/ psicoterapeuta en Psigma Figueres
cristiantoribio@psigma.cat