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La Normatividad Emocional y el Bloqueo

En nuestro día a día, los profesionales que nos dedicamos a la psicoterapia palpamos el mundo emocional de las personas en nuestra consulta. Cuando nos cuentan un problema notamos su intensidad a través del vínculo emocional, cuando nos narran su historia sentimos el eco de las emociones del pasado, cuando explotan ante nosotros compartimos la profundidad de la emoción. 

Es por ello que desde siempre la psicología ha intentado estudiar la emocionabilidad de la persona. Pero no es nada fácil compaginar el método científico y la realidad en este campo, porque para hacer ciencia se debe generalizar, y en cambio para comprender las emociones hay que personalizar en cada individuo. Esto me lleva a hablar de la normativa emocional, creada muchas veces por la misma psicología y que en su intento por conseguir una teoría y una explicación, puede haber provocado un daño colateral. 

Para explicar este concepto, empezaré por el final, la consecuencia de esta normativa emocional. El bloqueo. 

Los psicoterapeutas nos encontramos gente que tiene emociones muy intensas bloqueadas, que no ha sentido, no ha aceptado, no ha gestionado y en definitiva, que quedan allí dentro. Esto nos hace sentir mal, angustiados y ansiosos, somatizando con problemas digestivos, migrañas, contracturas, etc. En definitiva nuestros cuerpos activan las alarmas diciendo: haz algo! No estás bien! 

La primera causa de esto y la más evidente, es que podría hablar largamente de cómo la sociedad ha cohibido la expresión de algunas emociones, hay que ponerse gafas de sol a los enterramientos para que no nos vean llorar (cuando la función del llanto y la tristeza se compartir con nuestros compañeros de viaje el dolor y así gestionarlo mejor), como la rabia nos debemos tragar y que nos explote en el estómago por no saber decir: “No me da la gana! “, etc. Pero no es eso lo que me interesa comentar, daría para otro artículo seguramente, pero no. 

Quería hablar sobre situaciones que por su vivencia nos generan emociones totalmente contradictorias, y debido a la normatividad emocional, no las podemos sentir al mismo tiempo y nos bloqueamos. Me explico. Según la norma, cuando se muerte una persona querida, debemos sentir tristeza y llorar-la. Pero pongamos el caso de que la persona amada se ha suicidado, quizás también sentimos mucha rabia porque el culpabilizamos lo que ha hecho, dejarnos solos en este mundo, de abandonarnos. Dónde col • colocamos esa rabia que posiblemente nos impide sentir tristeza porque no es correcto que nos enfadamos con un muerto (perdonad la literalidad). O si el ejemplo es el conductor de un accidente que sobrevive y su pareja muerte al lado, no hay sólo pena, sino culpa y amargura, pero todo el mundo te dice que es un accidente, que no es correcto sentir culpa. Como lo gestionas? 

Otro ejemplo, menos dramático y que quizás algunos entenderéis. Sentir envidia por un compañero que ha conseguido una meta y tú ves que no puedes llegar por el momento. Evidentemente que te alegras por él, pero cuesta sentir alegría cuando también hay un poco de envidia que nos obligamos a enterrar y esconder. Y seguramente nos permitiéramos sentirla o decirnos: “ostras me haces envidia”, acto seguido nos podríamos alegrar. En cambio cuando evitamos sentir la emoción va haciendo poso en nuestro interior y creciendo en intensidad. 

La normatividad emocional deviene mucho más compleja cuando sumamos dos, tres o cuatro emociones combinadas, creando un cóctel complicado de tragar, más aún de digerir y que la norma social nos informa de que no está bien que sentimos todo esto. Evidentemente, creo que el mundo está cambiando y la gente está entendiendo que poco a poco nos hemos de abrir a la experiencia emocional sin reservas, aceptar y gestionar, pero queda mucho camino por recorrer. Y seguramente cuantos más pasos hacemos en esta dirección más obstáculos encontraremos y más nos daremos cuenta que la normativa social es mucho más rígida de lo que pensábamos.

 Cuando cerramos la puerta a una emoción, la cerramos por todas. No vale pedirnos estar alegres si tenemos tristeza dentro que no expresamos, no podemos estar tristes cuando cerramos la puerta a la rabia. Abrir la puerta a veces da miedo, miedo a perder el control o ha vivirlo con demasiada intensidad, o parecer débiles, no obstante cuando nos cerramos a la tristeza, también lo hacemos a la alegría, porque no nos damos permiso para sentir. 

Y me gustaría terminar con un poema (Lothar Kempter, INS OHR ZU FLÜSTERN) que seguramente expresa muchas más cosas, pero que me ha parecido adecuado para explicitar la complejidad del mundo emocional: 

Cierra los ojos

y entonces verás.

Rompe tus muros

y construirás.

Aprende a pararte

y caminarás

Déjate caer

y así en pie estarás.