La llegada del nuevo año no sería lo mismo sin uno de los rituales que le acompañan: hacer repaso y balance del año que dejamos atrás con la intención de crear una lista de nuevos propósitos para el que se presenta. Lo hacemos con ilusión y firmeza, pero desgraciadamente al cabo de pocos meses la mayoría de estos objetivos se olvidan, se esquivan o se pierden por el camino, dejando de formar parte de nuestro plan de acción y, en cierta manera, poniendo en duda nuestra fidelidad con nosotros mismos. Se trata de una oportunidad magnífica para la reflexión y la renovación, pero, ¿por qué queda en nada?
Muchas veces llenamos esta lista con un planteamiento erróneo, hablando desde las obligaciones, los “haber de” (ser/ hacer/ parecer/ tener…) y marcándonos hitos vacíos de sentido. A nuestro inconsciente no le llega este lenguaje de la imposición y nuestra parte consciente ya está saturada. ¿Son estos nuestros verdaderos deseos?
La autoobservación es una herramienta realmente importante para aprender de nosotros mismos. Si nos permitimos momentos para escucharnos, para escuchar nuestros sentimientos y sensaciones que florecen desde el más profundo de nuestro ser y visualizar nuestros deseos, nuestras necesidades y el cambio que deseamos en nuestra vida, de bien seguro que esta lista adopta una nueva forma. Intenta sustituir las imposiciones por frases que hablen desde el “querer”, desde el “deseo”, desde aquello que para nosotros tiene sentido.
¿Qué quiero que ocurra?
¿Qué necesito para sentirme bien conmigo mismo?
¿Qué estoy dispuesto a aportar?
¿Qué recursos tengo?
Se trata de dejar atrás aquello que nos pesa, nos limita y/o nos crea malestar y descubrir aquello que anhelamos, que nos aporta aire fresco, (re)encontrando la creatividad y asumiendo nuestra responsabilidad en el cambio. Es precisamente esto lo que nos permitirá hallar una sensación tan agradable como es la realización personal.
Todo cambio o propósito requiere esfuerzo y constancia, pero si lo enfocamos desde el prisma adecuado, aumentando las actividades agradables, hablando desde el autoconocimiento, desde un discurso libre de obligaciones, positivo y abierto a las oportunidades y el aprendizaje, con la convicción de que estos deseos nacen de nuestro interior más profundo, espontaneo y autónomo, nos moveremos de verdad, nos regalaremos nuestros auténticos deseos.
Cambiar la obligación “tengo que ir al gimnasio” por “deseo llevar una vida más saludable, que me permita sentirme a gusto y con más energía” es lo que da sentido al deseo y abre un abanico de posibilidades para hacerlo realidad. ¿Para qué quieres ir al gimnasio? ¿Qué deseas dejar atrás? ¿Qué deseas conseguir? ¿Qué te motiva al cambio? ncuentra este sentido en cada uno de tus propósitos.
También existen propósitos con una gran carga emocional: “No fracasar”. Lo que esconde es una gran prohibición: no darse permiso para arriscar ni confiar en uno mismo. ¿Es eso lo que realmente queremos? Reemplacémoslo ahora por una actitud más adulta y constructiva: “Deseo aprender a integrar los errores como una oportunidad de cambio y crecimiento personal. Si detecto el error, podré corregirlo y tener más posibilidades de éxito futuro”. ¿Te das cuenta del cambio?
La confianza, la constancia, el amor, la generosidad, la resiliencia, la capacidad de introspección… Los recursos se encuentran en nuestro interior y tenemos muchos más de los que nos pensamos. Tan sólo se trata de descubrirlos y potenciarlos.
Como bien dice Carlos Nessi, “aquello que des de ti se transformará en tu riqueza”.
¡Que tengáis buenos deseos!
Carla Piqué




