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¿Nos estamos volviendo adictos a viajar?

Hoy me gustaría detenerme a hablar sobre un tema relacionado con el verano, un tema tan importante como las vacaciones.

Pasamos todo el año trabajando para obtener esta deseada recompensa y el simple hecho de no ir a trabajar, de cambiar la rutina, de permitirse caprichos, etc, hace que uno recargue las pilas para la vuelta. El no tener vacaciones en verano incrementa la ansiedad, el estrés e incluso la apatía y el desánimo. No tener vacaciones es sinónimo de irritabilidad y mal humor.

En los últimos años, especialmente desde la aparición de las redes sociales, se ha ido incrementando el número de personas que “necesitan” viajar. La tendencia ha ido en aumento no sólo en la cantidad de viajes que se hacen sino también en lo exótico del lugar. Hay como una “fiebre” por recorrer todo el mundo, visitar países asiáticos, africanos, descubrir países latinoamericanos, etc.

Puede que esta tendencia esté relacionada con el hecho de que la baja natalidad impulsa a buscar el placer en otras actividades, pero pienso que las redes sociales también han tenido mucho que ver en este incremento. ¿Quién no conoce a alguien que se haya ido de viaje y no pare de subir fotos a las redes sociales? La necesidad de aprobación de los demás, de mostrar ante ese gran escaparate lo bien que se lo está pasando uno, e incluso la necesidad de dar cierta envidia, nos lleva a viajar y mostrarlo al mundo.

Es cierto que el hecho de viajar supone “desconectar” completamente de la rutina, hacer cosas totalmente diferentes, olvidarse de las obligaciones, dejarse llevar y sólo pensar en el presente. Pero también sirve para conocerse a uno mismo, explorar sus límites, sus gustos, sus intereses e incluso para generarse una “nueva realidad” que es efímera y dura lo que dure el viaje. Se dejan de lado los problemas y uno se centra en descubrir y experimentar cosas nuevas. Cuando viajamos nos cambia la actitud y nuestro comportamiento. Llegamos a hacer cosas que en nuestra ciudad no nos planteamos. Podemos incluso pensar que cuando viajamos somos “Otro”, nos aísla de la realidad. Quizás por todo esto nos es tan difícil no viajar y últimamente se está convirtiendo en una adicción difícil de parar.

Encarni Muñoz

Psicóloga y psicoterapeuta de Psigma