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“Este niño no para quieto, seguro que tiene TDAH”

Buenos días!

Permitirme la licencia, pero hoy toca un post protesta.

El tema es bastante simple, tendríamos que diferenciar a los niños inquietos y movidos de los niños hiperactivos, así como, tendríamos que diferenciar a los niños despistados de los que padecen déficit de atención.

No estoy diciendo que el TDAH no exista, tal y como se ha debatido últimamente en las redes sociales y en los medios de comunicación, pero lo cierto es que está sobrediagnosticado, y no me refiero al diagnóstico profesional (que supongo que todos sabemos lo que hacemos), sino a la etiqueta que ponen algunos padres, madres, maestros y hasta algunos vecinos. ¿Hacemos la prueba? Seguro que os suena la frase: “Ui, este niño no para quieto, seguro que tiene TDAH”.

Cada vez se habla más del TDAH, pero seguimos sin disipar las dudas que la sociedad tiene sobre el mismo. En la actualidad, el TDAH se ha convertido en un trastorno popular y eso lo único que ha conseguido ha sido preocupar a famílias enteras. Cada semana recibimos llamadas de padres desesperados y muy preocupados pidiendo hora para valorar a su hijo que, por lo que se ve, seguramente tiene TDAH. Por favor, padres, madres, maestros y hasta vecinos, dejad de diagnosticar a niños, dejad de asustar a padres.

El TDAH es un trastorno que se caracteriza por síntomas de inatención, hiperactividad motriz e impulsividad, que interfieren en el buen desarrollo y funcionamiento del niño. Para el diagnóstico los síntomas se tienen que dar en dos o más de los ámbitos en los que el niño participa: en el ámbito familiar, escolar, social, etc…, y tienen que provocar un malestar psicológico que interfiera en el funcionamiento social y académico o que reduzca la calidad de los mismos, así como dificultades de adaptación social y afectación en el rendimiento académico.

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El niño nervioso, distraído y/o inquieto no presenta dificultades en todos estos ámbitos (a lo mejor en casa presenta un mal comportamiento pero en la escuela no, o al revés), se relaciona bien con los demás y no tiene problemas en el domicilio (o al menos no más que los niños de su edad). En estos casos entonces, la diferencia principal es que el niño no presenta un malestar psicológico significativo.

Vivimos en la sociedad de la inmediatez, queremos soluciones ahora y en este momento y, por desgracia, el trabajo con niños es de todo, menos rápido (mayoritariamente y dependiendo siempre del caso, claro). Pocas personas se paran a pensar si la conducta de un niño puede tener una causa especifica. A lo mejor nadie le ha enseñado a estar tranquilo, a estar atento, a no interrumpir cuando no toca… A menudo, con unas buenas pautas educativas se solucionan centenares de problemas conductuales.

Por desgracia, otros casos no pueden resolverse desde un punto de vista educacional, pues a veces nos encontramos delante de un niño con TDAH, es decir, con un trastorno orgánico, que padece una alteración a nivel de los neurotransmisores cerebrales y que por lo tanto, se tiene que tratar. No todos los niños y niñas con TDAH requieren de tratamiento farmacológico, pero si que se recomienda que los que estén llevando a cabo este tipo de tratamiento participen también de un tratamiento psicológico conductual así como de algunas intervenciones psicopedagógicas (si el caso lo requiere), interviniendo así, desde un eficaz tratamiento combinado.

Aclarado esto – y porque vale más tomárselo con cierto sentido del humor-, haría referencia a la frase que dice…”¿Saben de aquél que dice que se levanta un niño de la silla… y se le diagnostica TDAH?»

Montse Grau, Psicóloga infantil y juvenil de PSIGMA MANRESA
montse@psigma.cat