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Comprender el TDAH

Hola a todos los lectores del blog de Psigma!

El Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH / TDA) es un trastorno neurobiológico que se caracteriza por tres síntomas principales: déficit de atención (dificultades para concentrarse, fácil distracción, pérdida de objetos, dificultad para seguir órdenes …), hiperactividad (exceso de movimiento, habla excesiva…) e impulsividad (falta de reflexión, dificultades para planificar, actuar sin pensar, etc.).

Todos presentamos o hemos presentado en algún momento de nuestra vida alguno de estos síntomas, por ello, para poder diagnosticarlo, los síntomas deben aparecer antes de los 7 años, mantenerse en el tiempo -al menos 6 meses-, que aparezcan en dos o varios ambientes (por ejemplo, en casa y en la escuela) y que ocasionen un malestar significativo en la vida diaria de la persona.

Existen diferentes teorías que intentan explicar las causas, sin embargo, actualmente la causa que se considera la principal responsable es la biológica, que explica que existe un desequilibrio químico en el área del cerebro encargada de la atención y el movimiento. También se debe tener en cuenta el papel de la herencia en las causas del TDAH, muchos padres con niños con TDAH suelen sentirse identificados con ellos y aliviados el día que reciben un diagnóstico que explica las causas de estos síntomas.

Hay tres subtipos de TDAH: el TDAH en el que predomina el déficit de atención, el TDAH en el que predomina la hiperactividad e impulsividad y el TDAH combinado, en el que todos los síntomas se presentan con intensidad similar.

La mayoría de los niños diagnosticados con TDAH seguirán presentando dificultades en el control de la atención, de la impulsividad y de la hiperactividad en la edad adulta, por lo que el TDAH se considera un trastorno crónico, aunque los síntomas varían dependiendo de la edad de la persona.

Las personas con TDAH suelen presentar también baja autoestima, poca motivación, dificultad en las relaciones sociales, problemas de conducta o bajo rendimiento académico o laboral.

Sin embargo, hay que señalar, que las personas con este trastorno también tienen muchas virtudes; son muy creativos, extrovertidos, tienen un pensamiento muy rápido y son muy intuitivos, entusiastas, con una gran expresividad afectiva. Pueden realizar varias actividades al mismo tiempo, son sinceros, sensibles y tienen mucha mucha energía, además de muchos otros aspectos positivos que los hace únicos.

El tratamiento es siempre multidisciplinar y suele incluir tratamiento psicológico, psicopedagógico y farmacológico.
En las diferentes sedes de PSIGMA (Barcelona, ​​Girona, Vic, Manresa y Figueres) encontraréis profesionales que trabajan para mejorar la calidad de vida de las personas con TDAH reduciendo los efectos negativos que el TDAH produce en las personas, ya sean niños, adolescentes o adultos.

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REGLAS BÁSICAS A SEGUIR CON UN NIÑO CON TDAH:
(adaptado de Barkley, 1995)

1. Los refuerzos deben ser inmediatos. Las consecuencias que aplicamos en la conducta del niño deben ser en el momento, no demoradas en el tiempo.

2. Dar feedback (retroalimentación) con mucha frecuencia. Retroalimentar se refiere a hacer comentarios al niño sobre la adecuación o no de la conducta en cada momento y en cada contexto y de manera cercana en el tiempo.

3. Las recompensas deben ser más duraderas y eficaces. Es conveniente dedicar el tiempo necesario a reflexionar y planificar las recompensas adecuadas.

4. Mejor aplicar recompensas a la conducta deseada que castigos a la conducta a evitar.

5. Es conveniente hacer referencias al tiempo (por ejemplo: avisar de que queda poco tiempo para jugar y comenzar con la tarea) y anticipar tareas.

6. También hay que concretar la información más importante de la tarea. Hacer énfasis en aquellos aspectos más importantes, más de lo habitual, así se evitan errores.

7. Explicar la fuente de motivación del trabajo. Recordar la consecuencia positiva pactada para la realización de una determinada tarea.

8. Hacer más tangible los pensamientos y la resolución de los problemas. Resulta muy útil acostumbrarse a verbalizar los pensamientos y los pasos para resolver un problema, porque el niño lo tenga como modelo ya la vez facilitar que él mismo utilice esta estrategia.

9. Ser coherente. Actuar de manera consecuente, es decir cumplir los pactos además de utilizar el mismo criterio para las situaciones que puedan surgir en el tiempo.

10. Actuar más que quejarse.

11. Planificar con antelación las situaciones problemáticas. Nosotros conocemos a nuestros hijos y si prestamos atención a su conducta podremos detectar las características de las situaciones en que el niño tiene problemas, por eso, es bueno adelantarse a los problemas.

12. Mantener la perspectiva de sus dificultades. No culpabilizar al niño, ya que los niños con problemas de hiperactividad les cuesta mucho hacer cosas que la mayoría de los otros niños hacen sin problemas. Tener presente que se trata de un problema de base neurobiológica, que no pueden controlar.

13. No personalizar los problemas y el trastorno. Tal como se menciona en el punto anterior no se debe culpabilizar al niño o a otros. Recordar el punto 10.

14. Ser indulgentes. Cuando no sea necesario, no seamos demasiado exigentes con nuestro hijo/a, elijamos aquellos 2 o 3 aspectos concretos que consideramos prioritarios, que más interfieren, y seamos más permisivos con otras conductas.

Montse Grau, Psicóloga infantil y juvenil en PSIGMA MANRESA
montse@psigma.cat