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Es que eres muy…

¡Buenos días!

Cuántas veces hemos dicho a un niño “es que eres un travieso“, “es que eres un mal educado“, “es que eres un torbellino“, “es que no te esfuerzas”, “es que eres un vago”, ” todos tus amigos saben hacerlo y tú no”,”vigila que eres un poco patoso”… De una forma u otra, con nuestro lenguaje etiquetamos el comportamiento de los más pequeños y les estamos diciendo que esperamos de ellos y como queremos que se comporten, lo que puede provocar comportamientos, actitudes y creencias no deseadas.

Esto ocurre porque los niños y niñas forman su autoconcepto en base a la información que reciben de los adultos que son importantes para ellos y ellas, es decir, a partir de la información y los mensajes que les transmiten los padres, los hermanos, los abuelos, los profesores, etc., de modo que, si las personas que son importantes para ellos no los ven capaces de hacer según qué cosas ellos tampoco se verán. Así entonces, si las personas importantes para ellos creen que son unos traviesos, unos malos niños, unos mal educados, etc, pues ellos serán así porque es lo que han oído siempre y se comportarán tal y como nosotros les transmitimos que son.

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Este fenómeno es lo que llamamos profecía autocumplidora o efecto Pygmalión: las expectativas que las personas tienen sobre nosotros tienden a cumplirse. Por lo tanto, si mi madre no cree que pueda aprobar un examen, que soy una persona que le cuestan los estudios seguramente el esfuerzo que yo pondré será mucho menor, porque nadie espera que yo lo haga bien y me veré como una persona poco competente a nivel intelectual. Por tanto, frases como “pobrecito se esfuerza pero no puede más”, “ayudémosle mucho porque no puede”. etc., a menudo, a pesar de estar dichas con la mejor intención, nos hacen un flaco favor.

Lo mejor que podemos hacer es aceptar y conocer bien las potencialidades y limitaciones de cada niño y niña, animándoles a que desarrollen al máximo todo lo que se les da bien y ofrecer apoyo para superar las dificultades que les presentan las limitaciones. Lo que hoy no sabemos hacer puede formar parte de nuestro repertorio de potencialidades en el futuro.

Además, hay que potenciar la escucha activa, pues los niños y niñas nos deben poder explicar qué les pasa, qué encuentran divertido, qué les cuesta y qué quieren y qué no quieren hacer, que niño o niña les molesta en la escuela, etc., sin sentirse juzgados ni etiquetados.

Y evidentemente, aumentar los comentarios positivos y eliminar los negativos. Elogiar a un niño o niña por su conducta supone casi automáticamente que esta conducta se vuelva a repetir, pues nuestros pequeños buscan nuestra atención, y si la reciben cuando se comportan mal, automáticamente la conducta también se volverá a repetir, y en este caso la conducta que se repite no es querida ni deseada por nadie.

Olvidemos la crítica y centrémonos en los aspectos positivos de lo que hacen y en qué estrategias podemos utilizar la próxima vez para mejorar sus conductas.

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Para cualquier pregunta, no dudéis en contactar con nosotros, ¡estaremos encantados de ayudar!

Naiara Muñoz, psicóloga infantil en AULA PSIGMA VIC
naiaramunoz@psigma.cat